
En la actualidad, los centros de datos que sustentan la inteligencia artificial no solo representan un motor de innovación tecnológica, sino también un punto de presión para las comunidades vecinas. A medida que las operaciones de IA se amplían y se vuelven más complejas, la infraestructura necesaria —servidores, routers, sistemas de refrigeración y generadores— se convierte en un conjunto de equipos ruidosos y de alto consumo energético que interactúan de forma directa con el entorno físico. Este artículo explora el fenómeno y sus efectos tangibles en los residentes cercanos, así como las respuestas que pueden adoptar las instituciones y las empresas para mitigar riesgos y mejorar la convivencia.
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