

Lo más probable es que cualquier persona que ya esté usando un sistema operativo que ofrezca las opciones de Linux LTS y mainline (el normal) sepa qué elegir. Pero también hay personas que se están planteando cambiar de distro y no saben qué les convendría en caso de dar el salto. Es una duda razonable, y aquí vamos a explicar qué se debería hacer mencionando algunos ejemplos para aportar algo más de claridad.
En la actualidad, CachyOS está atrayendo muchas miradas y hace meses que está en lo más alto del ranking de DistroWatch. Lo pongo como ejemplo porque esta distro, como EndeavourOS y otras con base Arch, ofrecen muchas opciones del kernel, entre las que destacan el mainline, que es el más reciente, y el LTS, que son versiones del kernel soportadas durante más tiempo. Creo que solo hay que tener en cuenta un par de cosas.
Linux LTS: más parches y un poco mejor soportado
Las distros que ofrecen Linux LTS y mainline, generalmente usan por defecto el LTS. Cada proyecto tendrá sus motivos, pero merece la pena quedarse en un LTS si funciona bien en nuestro hardware. Los motivos son que es más estable, ya que recibe más parches a lo largo del tiempo, y también recibe mejor soporte.
Como ejemplo podemos mencionar casos de compatibilidad con software de terceros. Cuando se lanza una versión nueva de un programa, a veces se verifica su compatibilidad en distintas versiones del kernel; en ocasiones, ciertas versiones no funcionan como se espera en kernels muy nuevos, mientras que otras sí. En esas situaciones, mantener un LTS suele facilitar una experiencia más predecible y confiable, especialmente en entornos de trabajo o en equipos donde la estabilidad es prioritaria.
Explico esto porque desarrollar no es fácil. Se desarrolla con unas preferencias, y quien está detrás de esas soluciones ha probado en varios entornos y, a veces, lo que funciona en una versión puede no hacerlo en otra. El caso es que en el último mainline puede haber diferencias de compatibilidad respecto a versiones anteriores, y es normal que algunas herramientas funcionen mejor en un LTS estable que en las versiones más recientes.
Linux mainline: soporte para el hardware más reciente
Linus Torvalds lanza una nueva versión del kernel aproximadamente cada dos meses. Aunque se incluyen novedades en redes, sistemas de archivos y más cosas, uno de los puntos más importantes es añadir soporte para nuevo hardware. Si te compras un PC en febrero y ese equipo incluye hardware que no estaba previsto para el kernel anterior, es probable que el mainline reciente ya lo soporte o lo tenga más afinado.
Si nos empeñamos en quedarnos en un Linux LTS y el último es 6.18, la experiencia podría no ser tan completa como esperas, especialmente en hardware reciente. Por ello merece la pena usar el último kernel si soporta mejor el hardware de nuestro equipo.
Tener los dos por si acaso… o incluso tres
Lo más recomendable es contar con varios kernels instalados. Una norma no escrita dice que conviene tener el último kernel y al menos el anterior LTS. Volviendo al ejemplo de compatibilidad de ciertas herramientas, si necesitas una versión concreta para funcionar, podrías usar un kernel anterior (por ejemplo 6.18) y la herramienta en cuestión; si está disponible en un kernel más nuevo, podrías cambiar a ese. Si solo tuvieses la versión más reciente, podrías encontrarte con limitaciones.
En distribuciones con un gestor de kernels, existe también la posibilidad de dejar instalado otros para usos concretos. Por ejemplo, podrías conservar un kernel más antiguo para dispositivos o periféricos específicos, y mantener un kernel reciente para el resto del sistema. El gestor de núcleos facilita cambiar entre ellos sin complicaciones.
A modo de resumen:
- Linux LTS por compatibilidad y soporte a largo plazo.
- El último mainline por soporte de nuevo hardware y las últimas funciones.
- Otros núcleos por funciones o compatibilidad que ya no están en los más recientes.
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