Riesgos móviles: el peligro de lo que no construiste ni aprobaste



En un mundo donde las aplicaciones móviles se han convertido en la principal puerta de entrada para clientes y empleados, el verdadero riesgo no siempre se encuentra en lo que desarrollamos internamente. Con frecuencia, la mayor vulnerabilidad surge de software que nuestra organización no creó, no aprobó y, a veces, ni siquiera conocía que existía. Este desalineamiento entre lo que está autorizado y lo que se ejecuta en nuestros dispositivos y sistemas internos puede convertirse en una brecha silenciosa, pero devastadora.

La proliferación de proveedores externos, herramientas de terceros y bibliotecas de código abierto facilita la construcción de soluciones ágiles. Sin embargo, cada componente añadido fuera del control directo de la organización introduce una capa adicional de riesgo: vulnerabilidades conocidas, dependencias desactualizadas, configuraciones predeterminadas inseguras y prácticas de seguridad inconsistentes. Cuando estos elementos pasan desapercibidos, la organización queda expuesta a incidentes que pueden traducirse en pérdidas financieras, dañar la reputación y erosionar la confianza de clientes y socios.

Para gestionar este panorama, es imprescindible adoptar un enfoque de seguridad basado en el conocimiento y la visibilidad. Esto implica tres ejes estratégicos:

1) Inventario y clasificación: mantener un registro actualizado de todas las aplicaciones móviles y sus componentes, incluidos los elementos de software de terceros. Clasificar el riesgo por uso, datos manejados y criticidad operacional para priorizar acciones.

2) Gobernanza y aprobación: establecer políticas claras sobre la adquisición, implementación y actualización de cualquier componente software. Implementar procesos de revisión de seguridad antes de la incorporación, con controles que obliguen a evaluar vulnerabilidades, licencias y compatibilidad.

3) Supervisión continua: incorporar monitoreo dinámico y pruebas de seguridad continuas en el ciclo de vida de las aplicaciones. Esto incluye escaneos de vulnerabilidades, gestión de parches y mecanismos de detección de comportamientos anómalos que podrían indicar componentes no autorizados funcionando en el entorno.

La realidad es que no basta con verificar lo que se desarrolla internamente. Las organizaciones deben asumir una responsabilidad proactiva para identificar y mitigar riesgos asociados con software de terceros, bibliotecas y servicios integrados en el ecosistema móvil. La postura adecuada no es evitar el riesgo externo por completo, sino gestionarlo de manera intencional y transparente.

En la práctica, este enfoque requiere cultura de seguridad, herramientas adecuadas y procesos bien definidos. Equipos de tecnología, seguridad y cumplimiento deben trabajar de la mano para crear un mapa claro de dependencias, establecer umbrales de riesgo aceptables y definir respuestas rápidas ante hallazgos. La inversión en visibilidad y gobernanza puede marcar la diferencia entre una app confiable y una brecha que comprometa datos sensibles.

En resumen, la mayor amenaza para la seguridad móvil no siempre reside en lo que hacemos internamente, sino en lo que no vemos: software no construido, no aprobado y, a veces, desconocido. Reconocer y enfrentar este hecho es el primer paso para construir una estrategia de movilidad verdaderamente segura, resiliente y capaz de sostener la confianza en un entorno digital en constante evolución.

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