La caída del tiempo medio para explotar: un llamado a acelerar la defensa



En los últimos cinco años, el tiempo medio que transcurre desde la divulgación de una vulnerabilidad hasta la explotación exitosa se ha reducido de forma significativa, según advierten los expertos.

Este descenso no es una noticia aislada; es una señal de que el panorama de amenazas se acelera y que las defensas deben moverse con la misma rapidez.

Qué significa este cambio:
– Mayor velocidad de ataque: los delincuentes pueden convertir una vulnerabilidad en una explotación operativa en cuestión de horas o días.
– Mayor impacto potencial: al explotar rápidamente, los atacantes pueden comprometer los bienes más valiosos de una organización antes de que exista una defensa adecuada.
– Mayor presión sobre la cadena de suministro: proveedores con vulnerabilidades pueden abrir brechas en organizaciones que confían en ellos.

Factores que impulsan la reducción del tiempo medio para explotar:
– Automatización de herramientas de explotación
– Mayor disponibilidad de código de exploits y kits de herramientas en mercados oscuros
– Velocización de la cadena de suministro y software de terceros
– Más vulnerabilidades en configuraciones expuestas, servicios remotos y entornos en la nube
– Creciente presión de ransomware y malware “living off the land”

Qué pueden hacer las organizaciones para reducir su exposición:
– Inventario y gestión de activos: saber qué se tiene, dónde está y quién lo administra.
– Gestión de parches y procesos de actualización: establecer ventanas de parcheo y priorizar por impacto y probabilidad.
– Evaluación de riesgo y priorización basada en impacto: corregir primero las vulnerabilidades más expuestas y críticas.
– Segmentación de red y enfoque Zero Trust: limitar movimientos laterales de atacantes.
– Autenticación multifactor y controles de acceso: dificultar la explotación de credenciales.
– Monitorización y detección con EDR/XDR: detectar comportamientos anómalos y respuesta rápida.
– Plan de respuesta a incidentes y ejercicios de simulación: preparar a los equipos para actuar con velocidad y coordinación.
– Copias de seguridad y estrategias de recuperación: restaurar sistemas sin pagar rescates.
– Concienciación y ejercicios de phishing: reducir el riesgo de compromiso inicial.
– Gobernanza y cumplimiento: mantener políticas claras y responsabilidad.

Conclusión:
La disminución del tiempo medio para explotar pone un énfasis claro en que la seguridad debe ser proactiva, automatizada y resiliente. Las organizaciones que adoptan una gestión de vulnerabilidades rigurosa, una arquitectura de seguridad de confianza cero y una postura de detección y respuesta ágil están mejor posicionadas para contener daños y recuperar operaciones rápidamente.

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