Entre el deseo de amar y la decepción: una mirada crítica a la versión de Wuthering Heights dirigida por Emerald Fennell



Quería amar la versión de Wuthering Heights dirigida por Emerald Fennell para contradecir a quienes la descartan. Quería creer que una mirada contemporánea podría dar nueva luz a una historia que ha sido interpretada de múltiples formas. Pero, incluso con la presencia de un Jacob Elordi de mirada intensa y físico imponente, la película no logra sostener su promesa.

Lo que funciona radica en su diseño de producción: una cinematografía que equilibra lo majestuoso y lo siniestro, una dirección que busca atmósfera y tensión. Sin embargo, esa belleza visual no alcanza para sostener una dramaturgia que debería profundizar en la obstinación, la pasión y la violencia emocional que late en la obra original.

Entre los desaciertos está la actualización del contexto, que parece priorizar el shock estético sobre la investigación psicológica de los personajes. La voz narrativa, si existe, no está lo bastante integrada como para guiar al espectador entre los matices de la historia; los protagonistas pierden complejidad y quedan encasillados en arquetipos que limitan su verosimilitud.

El romance central, que podría haber sido su motor más poderoso, se ve eclipsado por un tono que intenta ser moderno pero que a veces se siente forzado. En lugar de permitir que la ambigüedad moral habite la relación, la película opta por resolverla con gestos visibles y un clímax de impacto inmediato, algo que no siempre acompaña la densidad emocional de la novela.

Qué podría haber hecho funcionar mejor: conservar la ambigüedad y el riesgo emocional, permitir que el paisaje y los silencios hablen tanto como las palabras, desarrollar Heathcliff como una figura de complejidad y sombras en lugar de un antagonista claro, y equilibrar la mirada entre la intimidad de los personajes y las fuerzas sociales que los rodean. Una banda sonora que respete la economía del silencio y una puesta en escena que permita respirar la historia habrían beneficiado la experiencia.

En definitiva, la película es un intento audaz que genera debate y reflexión. No logra encajar plenamente con la densidad de la novela, pero invita a revisar qué significa adaptar una obra tan icónica y por qué ciertos tonos han resistido a lo largo del tiempo.

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