
Crime 101 propone una dinámica de gato y ratón que promete mantener al lector en vilo. La premisa, con una puesta en escena urbana y un juego de engaños entre antagonista y protagonista, funciona lo suficiente para sostener el interés en las primeras páginas. Sin embargo, por más que la historia atrape en ciertos momentos, acumula una serie de infracciones narrativas que impiden que se imponga como un clásico del género.
Lo que funciona: ritmo sostenido, escenas de confrontación intensas y giros que, en su ejecución, sorprenden. El tono es consistente y la escritura se maneja con oficio, lo que otorga a la obra una lectura fluida que no cansa. Se aprecia un compromiso con la tensión y con un ambiente que ayuda a sostener el suspense durante buena parte de la narración.
Pero sus faltas no son menores: lastradas por decisiones discutibles, las motivaciones de los personajes clave quedan en nebulosas superficiales, y los objetivos de cada uno no siempre se sostienen con la lógica interna de la historia. Además, aparecen coincidencias forzadas que resuelven giros cruciales sin la construcción previa necesaria, y un marco procedimental que, en varios momentos, no se sostiene ante la lógica policial o detectivesca. El desenlace, a menudo, depende de un truco narrativo fácil o de una revelación demasiado conveniente. Paralelamente, los personajes secundarios pueden verse elevados a meros recursos dramáticos, sin que obtengan la profundidad suficiente para complicar el pulso de la historia. Por último, el uso de clichés del género, si bien funcional, reduce la originalidad y la sensación de frescura que podría haber marcado la diferencia.
Cómo podría haberse fortalecido: priorizar una motivación central clara y progresiva que sostenga las decisiones de los personajes; tejer las vueltas de la trama con una línea de investigación coherente, evitando coincidencias innecesarias; pulir el final para que la resolución emerja de la lógica interna de la historia y no de una concesión conveniente; desarrollar el mundo y los secundarios para que ganen autonomía y contribuyan al pulso narrativo; y equilibrar la intensidad con pausas que permitan al lector procesar la información sin perder tensión.
En suma, Crime 101 es, sin duda, un thriller que mantiene el interés y ofrece momentos de gran tensión, pero sus excesos narrativos pueden impedir que alcance la categoría de clásico del género. Con unos ajustes, podría acercarse a esa cota; tal como está, continúa siendo un entretenimiento sólido con margen de mejora.
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