
En los últimos tres años, los videos generados por IA que presentan a Will Smith comiendo espagueti se han convertido en un barómetro de la madurez de la generación de video por inteligencia artificial. Lo que empezó como curiosidad tecnológica ha evolucionado hacia representaciones casi indistinguibles de la realidad, con implicaciones profundas para la industria de los medios y para la confianza de las audiencias.
Lo que ha cambiado
– Calidad visual: desde artefactos tempranos de IA hasta texturas, iluminación y sombras que se perciben naturales.
– Sincronización labial y expresiones: mejoras en la correspondencia entre el habla y los movimientos de la boca; expresiones faciales coherentes a lo largo de escenas.
– Consistencia temporal: reducción de saltos entre fotogramas y transiciones más fluidas entre escenas.
Implicaciones éticas y de gobernanza
Los videos que usan la imagen de una figura pública para representar acciones o conversaciones deben manejarse con extremo cuidado. La madurez técnica no debe nublar las consideraciones éticas: consentimiento, licencias de uso de la imagen, y el riesgo de desinformación. Es esencial acompañar estos formatos con etiquetas claras, marcas de synthetic o watermarks, y mecanismos de verificación para ayudar a audiencias y plataformas a distinguir lo real de lo generado.
Lo que significan para el futuro
– Necesidad de etiquetado temprano y explícito en contenidos generados por IA.
– Transparencia sobre las capacidades de los modelos y sus proveedores.
– Educación mediática para audiencias y responsables de plataformas.
Conclusión
El progreso de la generación de video por IA ofrece oportunidades para la creatividad, la educación y la comunicación, pero también plantea responsabilidades importantes. Al entender cómo han evolucionado estas piezas, los actores de la industria pueden diseñar flujos de trabajo más seguros, políticas más claras y herramientas de detección más efectivas.
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