
En Guatemala, una familia cercana vivió una historia que parece sacada de un anuncio de tecnología: un televisor CRT de 39 años que ha sido testigo de generaciones en su sala. Aquel equipo, duro como una máquina de trabajo, acompañó noches de cine, juegos y reuniones familiares.
Decidieron cambiarlo por un televisor LCD moderno. El proceso de intercambio no fue solo un trámite de venta; fue el inicio de un viaje que les llevó más allá de su barrio, hacia un programa de recogida, el traslado y la documentación de su historia. Lo que para la familia era un simple reemplazo, para la empresa resultó en una narración que merece ser compartida.
El set viajó de la sala a las instalaciones de la empresa y, con el paso de las semanas, se transformó en una pieza de una exhibición en la sede central de Samsung. El objetivo de la muestra era ilustrar la evolución de la tecnología de pantallas, desde el CRT hasta el LCD, y poner al público en contacto con la memoria de una casa común.
Para los visitantes, el televisor deja de ser un objeto para convertirse en un símbolo de durabilidad y cambio. Para la familia, es un recuerdo que continúa vivo, ahora catapultado a un escenario global sin perder su significado íntimo.
Esta historia muestra el valor de escuchar a los clientes y de convertir sus historias en narrativas de marca. Las empresas que reconocen el papel de las experiencias cotidianas pueden tejer relatos que inspiran innovación y empatía.
Si algo puede enseñar este episodio, es que la tecnología no solo avanza; también se humaniza cuando alguien decide darle cabida en un espacio público. ¿Qué objeto de tu vida podría convertirse en una historia que merezca ser vista en una gran vitrina?
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