
En el inicio de 2026, las Montañas del Oeste de Estados Unidos muestran una capa de nieve notablemente más delgada de lo habitual. Aunque algunas regiones experimentaron lluvias suficientes en otoño y principios de invierno, las temperaturas más cálidas concentraron la mayor parte de esa precipitación en forma de lluvia. El resultado es una sequía de nieve marcada para esta época del año, con una cobertura que, según las observaciones tomadas por el instrumento MODIS a bordo de la misión Terra de la NASA, alcanzó cifras históricamente bajas para la fecha, y muy por debajo de la mediana de referencia. En particular, las observaciones de enero mostraron que la cobertura de nieve se situaba alrededor de 142,700 millas cuadradas (369,700 kilómetros cuadrados) sobre el oeste, la cifra más baja para esa fecha en el registro MODIS que data de 2001; sin embargo, para el 26 de enero se observó un leve aumento.
La nieve no es solo un bonito paisaje: es un almacén de agua que alimenta cuencas, riega cultivos y mantiene hidrólogos y planificadores de recursos hídricos alerta ante posibles déficits estivales. En este marco, el SWE (Snow Water Equivalent), que mide la cantidad de agua almacenada en la nieve, se utiliza como un indicador clave de las condiciones de invierno. A principios de enero, el Sistema Nacional Integrado de Información sobre Sequías (NIDIS) informó que la sequía por nieve—definida como SWE por debajo del percentil 20 para una fecha dada—fue especialmente aguda en estados como Washington, Oregón, Colorado, Utah, Arizona y Nuevo México. En al menos una estación de monitoreo en cada gran cuenca occidental, se registró el SWE más bajo en al menos 20 años para el 26 de enero, según datos publicados por el USDA.
Este patrón general de invierno templado y húmedo, seguido de una cantidad de precipitación que llegó más como lluvia que como nieve, tiene implicaciones profundas para la dinámica de almacenamiento de agua. Si bien el año hídrico que comenzó el 1 de octubre de 2025 registró precipitaciones por debajo de lo normal en la cuenca del Pacífico, la temperaturas elevadas favorecieron pérdidas de escorrentía y redujeron la recarga de embalses y acuíferos. En términos regionales, la región del Pacífico Noroeste y gran parte de la cuenca del río Colorado ya enfrenta condiciones de sequía, y la nieve existente puede no ser suficiente para compensar déficits acumulados en meses posteriores.
Una lectura más detallada revela matices importantes. En la Sierra Sur y las Cordilleras del Norte, más precipitaciones han caído como nieve que como lluvia en algunos picos elevados; sin embargo, esos beneficios elevacionales no se trasladaron de forma uniforme hacia abajo. En palabras de Daniel Swain, científico climático de la California Institute for Water Resources, este déficit de nieve es “clásico” en el contexto del cambio climático: se trata de un desequilibrio impulsado por la temperatura que se manifiesta de manera variable según la elevación. Esa elevación diferencial es crucial, porque la nieve de alta montaña puede actuar como una reserva lenta que alimenta ríos y embalses durante la descongelación, mientras que la nieve ausente o insuficiente en áreas bajas reduce la recarga de recursos hídricos locales.
El cambio en la distribución de la precipitación también altera la forma en que el suministro de agua llega a las comunidades y a la agricultura. La precipitación que cae como lluvia tiende a escurrirse y no recargar de manera tan efectiva embalses y acuíferos como lo haría la nieve que se derrite de forma sostenida durante la primavera. En consecuencia, incluso con un invierno que aún guarda meses de posibilidades para la nieve, los déficits existentes pueden persistir y, en algunas áreas, transformarse en sequía tradicional durante el año hidrológico.
La observación de NASA Earth Observatory y sus acompañantes—MODIS/TERa (EOSDIS), NSIDC Snow Today y el seguimiento de condiciones a través de NRCS—subraya la importancia de la vigilancia continua. Entre las lecciones más relevantes está la necesidad de comprender la variabilidad espacial: la nieve de alta montaña puede ocultar déficits en regiones más bajas, y el SWE por debajo del umbral recomendado aumenta el riesgo de escasez de agua durante la primavera y el verano. Además, eventos de transporte de humedad provenientes de “atmospheric rivers” en diciembre de 2025 ilustra cómo condiciones cálidas pueden intensificar las lluvias invernales, pero a la vez reducir la acumulación de nieve en áreas críticas para la temporada de derretimiento.
Para las administraciones y comunidades, estas observaciones conducen a reflexiones sobre gestión del agua, planificación de embalses y estrategias de adaptación al clima. Es fundamental combinar ciencia de datos, monitoreo en tiempo real y proyecciones climáticas para asegurar que las decisiones de riego, uso urbano y conservación de ecosistemas estén respaldadas por evidencia actualizada. La información de SWE, cobertura de nieve y mapas de descenso de nieve debe integrarse en planes de resiliencia, para evitar que la primavera traiga sorpresas y reducir la vulnerabilidad frente a futuros inviernos atípicos.
Mirando hacia el futuro inmediato, aún queda invierno por delante y febreros y marzo pueden traer nevadas significativas. No obstante, la experiencia de 2026 sugiere que no siempre es posible recuperar déficits acumulados en un solo periodo invernal. En zonas ya afectadas por condiciones de sequía, como el Pacífico Noroeste y la Cuenca del Río Colorado, la nieve podría no ser suficiente para revertir la tendencia. Esto incide en la necesidad de inversión en monitoreo, investigación y gestión más eficiente del agua, así como en la comunicación de riesgos y en la preparación de comunidades para diferentes escenarios climáticos.
Referencias y créditos de NASA Earth Observatory destacan que estas observaciones son el reflejo de un sistema complejo, en el que la interacción entre temperatura, elevación y patrones de precipitación define el estado de la nieve y, por ende, la disponibilidad de agua. Las imágenes y gráficos de MODIS, las series de SWE y los informes de NIDIS y NSIDC proporcionan una base sólida para comprender por qué 2026 está marcando un hito en la narrativa de la sequía de nieve en el Oeste y por qué es crucial seguir atento a las señales del paisaje nevado en los meses restantes del invierno.
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