
En el entorno económico actual, el crecimiento de ingresos continúa siendo relativamente bajo, mientras las empresas mantienen el impulso de invertir en inteligencia artificial y exploran modelos de próxima generación con capacidades de agencia. Este fenómeno no es una contradicción, sino una señal de que la tecnología está evolucionando desde optimizar procesos aislados hacia soluciones más holísticas que pueden tomar decisiones y ejecutar tareas de forma autónoma con supervisión humana.
Qué está impulsando estas inversiones? En primer lugar, la necesidad de mejorar la eficiencia operativa en cadenas de suministro complejas, ventas y soporte al cliente. La IA ya no se limita a automatizar tareas repetitivas: se espera que los sistemas aprendan de grandes volúmenes de datos, identifiquen patrones y propongan o ejecuten acciones con un grado de autonomía controlada. En este contexto, los modelos agentivos de próxima generación ofrecen una promesa atractiva: conjuntos de agentes que colaboran entre sí, gestionan flujos de trabajo y se adaptan a contextos cambiantes sin intervención humana constante.
Relevancia práctica de los modelos agentivos. En escenarios de negocio, estos modelos pueden facilitar decisiones más rápidas y coherentes, desde la optimización de inventarios y la asignación de recursos hasta el servicio al cliente proactivo. Por ejemplo, un agente puede coordinar múltiples canales de atención, priorizar casos de alto impacto y activar procesos de cumplimiento de políticas en tiempo real. Este rendimiento incremental puede traducirse en mejoras de eficiencia que, con el tiempo, se ven reflejadas en ingresos, incluso cuando el crecimiento anual es modesto.
Riesgos, gobernanza y ética. La promesa de mayor autonomía también exige una gobernanza rigurosa: trazabilidad de decisiones, controles de seguridad, gestión de sesgos y cumplimiento normativo. Los modelos agentivos deben operar dentro de límites claros, con salvaguardas para evitar resultados no deseados y garantizar la transparencia para las partes interesadas. La inversión debe ir acompañada de una estrategia de datos robusta, una arquitectura modular y prácticas de evaluación continua.
Estrategias para avanzar con prudencia y impacto. Las empresas deberían priorizar casos de uso con ROI claro y escalabilidad comprobada, y diseñar pilotos que permitan medir no solo resultados financieros, sino también mejoras en experiencia del cliente, aceleración de procesos internos y reducción de errores. Una ruta recomendable es combinar pruebas controladas con una gobernanza de IA sólida, escalando de forma gradual a medida que se demuestran beneficios y se consolidan capacidades de seguridad y cumplimiento.
Conclusión. Aunque el crecimiento de ingresos permanezca en niveles moderados, la inversión en IA y la exploración de modelos agentivos de próxima generación marcan una orientación clara hacia una mayor automatización inteligente y toma de decisiones más ágil. Las empresas que gestionen con eficacia el equilibrio entre rendimiento, riesgos y ética estarán en mejor posición para convertir la promesa tecnológica en resultados sostenibles a lo largo del tiempo.
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