
En el mundo actual, donde la digitalización es parte integral de nuestras vidas, los atacantes cibernéticos han evolucionado considerablemente en sus tácticas. Lejos de depender de la mera suerte o conjeturas, estos individuos dedican tiempo y recursos para estudiar las dinámicas organizacionales y los comportamientos individuales de sus objetivos. Este enfoque meticuloso les permite diseñar campañas más efectivas y personalizadas.
Hoy en día, las campañas de ciberataques se caracterizan por la complejidad y la combinación de múltiples tácticas, lo que las hace aún más difíciles de prevenir y detectar. Por ejemplo, la combinación de malvertising (publicidad maliciosa) y smishing (phishing a través de SMS) se ha convertido en una estrategia común. Los atacantes utilizan estas técnicas para infiltrarse en las redes de las organizaciones y obtener acceso a información sensible.
Además, el fenómeno del MFA bombing (ataques de multifactor de autenticación) está en aumento, donde los atacantes envían repetidamente solicitudes de autenticación a los usuarios, intentando hacer que se rindan y aprueben una solicitud de acceso fraudulentamente. Estas tácticas muestran una comprensión profunda de la psicología humana y de cómo las personas responden a situaciones de presión.
La defensa contra tales amenazas requiere más que herramientas tecnológicas; necesita una comprensión amplia de la ciberseguridad, la formación continua de los empleados y una cultura organizacional que priorice la seguridad. Con un enfoque en la educación y la preparación, las organizaciones no solo pueden reaccionar ante los ataques, sino también anticiparse a ellos, creando así un entorno digital más seguro.
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