Siempre hay momentos en la vida en los que algo nos sorprende, algo que nos deja boquiabiertos y nos hace dudar de la realidad. Pero, ¿realmente es una sorpresa? En muchas ocasiones, podemos ver las señales y simplemente optar por ignorarlas. La vida tiene una manera peculiar de introducirnos en situaciones que, si miramos con atención, ya estaban escritas en el horizonte.
Si pienso en mis propias experiencias, hay varias ocasiones en las que me encontré con situaciones que, en retrospectiva, eran más que evidentes. Como cuando un amigo cercano comenzó a salir con alguien que era, prácticamente, su tipo en todos los aspectos. Al principio, me sorprendió. Pero luego, tras una conversación o dos y algunos pequeños gestos que había notado, me di cuenta de que no había nada realmente inesperado en su elección.
A veces, el mundo nos lanza sorpresas, pero son esas las que ya sabíamos en el fondo de nuestras entrañas. Por ejemplo, cuando recibimos noticias de que una película que esperábamos con ansias finalmente se estrena. En lugar de sorprenderme, me emociono con la anticipación que ya había cultivado desde el primer tráiler. No hay nada nuevo bajo el sol, y eso también se aplica a nuestras expectativas.
En el trabajo, también encontramos situaciones donde la sorpresa no es sorpresa. Los cambios en la cultura laboral, un nuevo jefe que parece más interesado en los números que en las personas, o un proyecto que no está yendo como se esperaba. En esos momentos, podría sorprendernos, pero la verdad es que muchas veces las señales están ahí, sólo que preferimos no verlas. Podríamos ahorrarnos el estrés si simplemente decidiéramos estar más alertas a las señales del entorno.
Lo que estoy tratando de decir es que, a veces, la vida es un juego de adivinanzas donde podemos tener una buena idea de lo que ocurrirá si solo prestamos atención. Así que en lugar de sorprendernos, quizás deberíamos empezar a aceptar las cosas como son. No se trata de pesimismo, sino de realismo. Así que, la próxima vez que algo te sorprenda, pregúntate: ‘¿Realmente era un sorpresa?’ o ‘¿ya sabía esto de alguna manera?’. Y recuerda, la vida es un ciclo de expectativas y suposiciones, donde a menudo no hay espacio para las sorpresas.
Am I surprised? Absolutely not…
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