¡El Día que el Café Decidió No Trabajar!

¡Hola, amigos de la internet! Hoy les traigo una historia que sucedió en una mañana cualquiera, específicamente el 16 de octubre de 2025 a las 07:30AM. Para que se hagan una idea, era uno de esos días en los que la cama parece tener superpoderes y uno se siente más pegado a las sábanas que un imán a un refrigerador.

Al abrir los ojos, el sol me miraba como un vecino entrometido que decidió entrar a casa sin ser invitado. Intenté ignorarlo, pero entre el zumbido del despertador y el brillo de la luz, me levanté como un zombi con resaca, aunque no había bebido nada más fuerte que un vaso de agua la noche anterior.

Después de un par de movimientos de yoga involuntarios (también conocidos como estiramientos de “solo cinco minutos más”), decidí que el primer paso hacia la vida adulta era… bueno, ¡hacer café! Fue entonces cuando ocurrió la tragedia: el café decidió no colaborar.

Me planté frente a la cafetera como un valiente caballero armado con una cuchara. “¡Vamos, cafetera! ¡No me dejes en la estacada!” Pero en lugar de salir una deliciosa bebida oscura, la máquina me devolvió un pitido sordo que sonaba más a excusa que a una solución.

Ahí estaba yo, con la mirada del gato que sabe que ha hecho algo malo. Sin café, no había esperanzas de sobrevivir a la jornada. Entonces, comencé a hacer una lista mental de soluciones creativas: solicitar un café delivery (a las 07:30AM, claro), meditar para atraer la energía del universo o simplemente volver a la cama y apelar al karma que, supuse, había olvidado dejarme un café nabo.

Justo cuando estaba listo para aceptar mi destino de un día sin cafeína, sonó mi teléfono. Era un amigo. Tras explicarle mi situación, se rió como si fuera un episodio de la sitcom más popular del momento. “¡Ve a la tienda de la esquina!” dijo él, como si eso fuera más fácil que saltar un río de lava.

Aquel día, aprendí que no hay obstáculo demasiado grande que una buena risa y un café no pueda superar. Así que, con una motivación renovada, me vestí, tomé mis llaves y salí a conquistar el mundo—o al menos, a conquistar la tienda de la esquina.

Así que ya saben, amigos: si el café decide no cooperar, siempre habrá una solución en la esquina… ¡y quizás un par de risas en el camino! Hasta la próxima, y que su café nunca falte en sus mañanas.

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