
¡Tener un monoplaza con ritmo para subir al podio sirve de poco cuando pasas 71 vueltas atrapado en aire sucio! Esa fue la frustrante realidad de McLaren en el Gran Premio de la Ciudad de México.
La escudería de Woking llegó con una máquina capaz de competir al frente, pero una complicada sesión de clasificación del sábado la dejó a contrapié desde el inicio. En un circuito donde adelantar puede convertirse en una batalla cuesta arriba, partir en una posición desfavorable terminó condicionando toda la carrera y ocultando el verdadero potencial del auto.
Además, la altitud de Ciudad de México añade un desafío técnico enorme: el aire menos denso dificulta la refrigeración y altera el comportamiento aerodinámico de los monoplazas. Seguir de cerca a otro coche en esas condiciones puede ser especialmente complicado, y McLaren quedó atrapado en ese círculo durante gran parte de la prueba.
El director del equipo, Andrea Stella, reconoció el costo de ese sábado complicado: McLaren pagó el precio en carrera. La lección es clara: en una competencia tan ajustada, el ritmo puro no basta si la clasificación te obliga a perseguir desde atrás. Para convertir velocidad en resultados, la posición de salida puede ser decisiva.
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