
Un equipo de astrónomos ha detectado un sistema planetario inusual que orbita la enana roja LHS 1903, situada a aproximadamente 116 años luz de la Tierra. Este descubrimiento, conseguido gracias a observaciones de alta precisión y técnicas de detección recientes, presenta características que no encajan con los modelos actuales de formación y evolución planetaria.
La enana roja LHS 1903 se distingue por su baja masa y su temperatura relativamente fría, condiciones que, hasta ahora, se consideraban menos propicias para la gestación de planetas estables y diversos. Sin embargo, las señales recolectadas apuntan a la presencia de al menos dos cuerpos que orbitan la estrella enñeves de configuraciones inesperadas: uno de ellos se sitúa en una distancia moderada, mientras que el otro exhibe una órbita más excéntrica de lo previsto para un sistema de su tipo.
Este hallazgo obliga a revisar criterios fundamentales sobre cómo se forman los planetas alrededor de estrellas de baja masa. Algunas posibles explicaciones proponen escenarios como migraciones planetarias atípicas, capture estelar, o la influencia de discos protoplanares con estructuras no uniformes que habrían favorecido configuraciones inusuales. Cada una de estas hipótesis invita a replantear la cronología y las condiciones necesarias para la formación de planetas en entornos de baja luminosidad y masa estelar.
La metodología empleada combina medidas de tránsito y de velocidad radial, fortalecidas por observaciones de seguimiento a largo plazo. La confirmación de la naturaleza planetaria de estos cuerpos requerirá, entre otros, estudios de repetibilidad y, posiblemente, detección de señales adicionales que clarifiquen masa, composición y dinámica orbital.
El descubrimiento de este sistema alrededor de LHS 1903 arroja luz sobre la diversidad planetaria que existe en el vecindario cósmico y subraya la necesidad de ampliar los modelos teóricos para abarcar configuraciones más complejas y menos intuitivas. En un campo que avanza con rapidez, cada nuevo hallazgo tiene el potencial de reescribir nociones fundamentales sobre cuándo, cómo y dónde pueden formarse planetas, incluso en entornos estelares que, a primera vista, podrían parecer poco propicios.
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