
Un nuevo estudio despierta preocupaciones sobre la vulnerabilidad de los recién nacidos ante sustancias químicas persistentes. Investigadores identificaron 42 PFAS —conocidos como “químicos eternos” por su resistencia ambiental y biológica— en muestras de sangre de cordón umbilical de bebés nacidos entre 2003 y 2006. Este hallazgo, que abarca sustancias presentes en productos de uso cotidiano como alimentos envasados, textiles y utensilios, sugiere que la exposición prenatal podría haber sido mayor de lo que se pensaba previamente.
La detección de PFAS en sangre de cordón no solo indica una exposición en etapas tempranas del desarrollo, sino que también plantea preguntas sobre las posibles implicaciones para la salud a corto y largo plazo. Aunque la relación causal entre PFAS y efectos adversos en la salud infantil aún se está estudiando, múltiples evidencias señalan asociaciones con alteraciones metabólicas, hormonales y del desarrollo neurológico. Este estudio, al ampliar el rango de sustancias detectadas y el periodo de origen, subraya la necesidad de una vigilancia más amplia de la exposición a PFAS, incluso en muestras que no se someten a pruebas específicas de forma rutinaria.
Entre las consideraciones clave, se destaca:
– La diversidad de PFAS detectados: la presencia de 42 compuestos diferentes sugiere una exposición compleja, con posibles efectos cumulativos.
– Ventanas de exposición no siempre evaluadas: los bebés nacidos entre 2003 y 2006 pueden haber estado expuestos a combinaciones de PFAS que no se evalúan con los métodos de rutina actuales.
– Implicaciones para la salud futura: si bien la evidencia no es concluyente para cada compuesto, la exposición prenatal a PFAS se ha asociado con métricas de desarrollo y función metabólica en investigaciones previas.
Estas conclusiones enfatizan la necesidad de políticas públicas que reduzcan la presencia de PFAS en la cadena de suministro, así como la implementación de estrategias de monitoreo que incluyan periodos de exposición difíciles de rastrear. Las autoridades de salud y los profesionales médicos deben considerar la exposición a PFAS como un factor relevante en la atención prenatal y en la vigilancia del desarrollo infantil.
En la práctica clínica y en la comunicación con las familias, el mensaje de fondo es claro: la prevención de exposición a PFAS debe convertirse en una prioridad de salud pública. Aunque no todas las sustancias detectadas en este estudio están reguladas de la misma manera en todos los países, la tendencia global apunta hacia una reducción progresiva de estas sustancias y hacia una mayor transparencia sobre sus usos y posibles rutas de exposición. Este enfoque integral puede contribuir a disminuir la carga de exposición durante etapas críticas del desarrollo y a proteger la salud de las generaciones futuras.
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