El enigma de la mayor anomalía gravitacional bajo la Antártida: 70 millones de años de historia climática


Un nuevo estudio ha recreado 70 millones de años de la mayor anomalía gravitacional del planeta, hoy oculta bajo la superficie de la Antártida. A partir de modelados geofísicos, datos de gravimetría y proxies paleoclimáticos, los investigadores reconstruyen una historia de desplazamientos, intensificación y sincronía con hitos climáticos globales.

La anomalía gravitacional observada en la región polares sugiere una distribución de masas subyacentes inusual, que habría evolucionado a lo largo del tiempo geológico. El análisis indica que este complejo patrón gravitacional se desplazó gradualmente, experimentó fases de intensificación y coincidió, de manera marcada, con transiciones clave en el clima de la Tierra. Entre los hallazgos destacan:
– Un desplazamiento progresivo de la anomalía que podría haber estado ligado a movimientos isostáticos y a la dinámica de la litosfera bajo la Antártida.
– Periodos de mayor densidad de masa en capas profundas, asociados a cambios en la composición o en la geometría de las estructuras subglaciales.
– Coincidencias temporales entre la intensificación de la anomalía y el inicio de la glaciación, así como con otros eventos climáticos de gran escala que han modelado el clima del planeta durante millones de años.

La investigación no solo aporta una pieza nueva al rompecabezas de la geodinámica antártica, sino que también abre preguntas sobre cómo cambios en la distribución de masa terrestre pueden haber influido en patrones climáticos y en la evolución de la criosfera. Si bien las conclusiones deben ser interpretadas en el marco de modelos actuales y con la cautela debida a la escala temporal involucrada, el estudio refuerza la idea de que la geodinámica profunda y el clima están entrelazados de forma compleja y bidireccional.

Mirando hacia el futuro, estas reconstrucciones ofrecen una ventana para comprender mejor cómo podrían responder los sistemas climáticos ante cambios similares en la distribución de masa, ya sea por procesos geológicos naturales o por intervenciones humanas a largo plazo. El hallazgo enfatiza la necesidad de incorporar la geodinámica de la litosfera y la crioesfera en modelos climáticos integrados, para afinar predicciones y comprender las respuestas del planeta ante perturbaciones profundas.
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