La figura que sostiene nuestro mundo: biología y cultura en el libro de Luisa Girelli


En su último libro, la profesora de neuropsicología del desarrollo Luisa Girelli propone una pregunta central: qué figura ha sostenido nuestro mundo y qué la ha convertido en pilar de la vida social, educativa y económica. A partir de trabajo empírico, relatos de campo y revisión histórica, Girelli centra el análisis en la figura del cuidador principal, cuya importancia emerge a partir de la interacción entre factores biológicos y estructuras culturales.

Resumen de la tesis
La autora sostiene que, a lo largo de la historia, la figura del cuidador principal se ha consolidado como pilar porque su labor cataliza procesos clave para el desarrollo humano, la cohesión social y la transmisión intergeneracional de conocimientos, valores y normas. Este pilar no es estático: se reconfigura con cada cambio en las condiciones biológicas y en los entramados culturales.

Dimensión biológica
En el plano biológico, Girelli recorre la neurobiología del vínculo. El primer apego regula circuitos de emoción, atención y aprendizaje y modula respuestas del eje hormonal ante situaciones de seguridad o de estrés. La oxitocina y otros neuromoduladores facilitan la confianza y la preferencia por interacciones sociales positivas, mientras la plasticidad sináptica en la infancia sienta las bases para la regulación emocional y la prosocialidad. La autora también destaca cómo la maduración de redes frontales y subcorticales, en interacción con experiencias tempranas de cuidado, condiciona la capacidad de autocontrol, empatía y curiosidad. Estas condiciones biológicas pueden, cuando son adecuadamente estimuladas, promover un aprendizaje eficiente, una regulación emocional robusta y una motivación para participar en redes sociales.

Dimensión cultural
La dimensión cultural no es un simple telón de fondo. Las prácticas de crianza, las expectativas de género, las políticas públicas y las estructuras escolares configuran qué se considera un cuidado adecuado y qué apoyos recibe la figura central del vínculo. Las normas culturales pueden amplificar o atenuar la carga sobre el cuidador principal, ajustar horarios de trabajo, disponibilidad de cuidadores secundarios y acceso a servicios de salud y educación temprana. En contextos donde las familias cuentan con redes de apoyo y políticas de cuidado accesibles, la figura central tiende a sostenerse con menos desgaste y con mejor desarrollo para las nuevas generaciones. En culturas con tensiones entre roles laborales y familiares, la presión sobre la figura principal puede derivar en estrés sostenido y en consecuencias para la salud y la socialización de los niños.

Intersección entre biología y cultura
Girelli muestra con ejemplos que biología y cultura no funcionan por separado; se influyen mutuamente. Las condiciones culturales que valoran la crianza y que proveen apoyo social pueden magnificar la plasticidad positiva de los sistemas neurobiológicos, mientras que entornos que descuidan el cuidado de niños y cuidadores pueden repercutir en la salud emocional y la cognición de las personas y, por extensión, en la cohesión social. Este entrelazamiento sugiere que políticas y prácticas que fortalecen a la figura central del vínculo no solo benefician a las familias, sino que generan efectos de largo alcance en la economía y en la salud de toda la comunidad.

Implicaciones para la práctica y la política
La lectura propone consecuencias concretas para distintos ámbitos. En educación, subraya la importancia de intervenciones tempranas y de ambientes escolares que reconozcan el papel del cuidador y ofrezcan apoyos a las familias. En salud, recomienda programas de acompañamiento a madres y padres durante la gestación y los primeros años, junto con monitoreo del bienestar emocional para prevenir efectos acumulativos del estrés. En política social, aboga por esquemas de licencia parental razonables, servicios de cuidado infantil de calidad y redes de apoyo comunitario que reduzcan la carga desproporcionada sobre la figura central.

Conclusión
Este libro invita a mirar con mayor claridad la figura que sostiene nuestro mundo, entendida como resultado de una danza entre biología y cultura. Comprender esa figura implica reconocer su vulnerabilidad y, al mismo tiempo, su poder transformador. La invitación para lectores, educadores y responsables de políticas es clara: invertir en cuidado, investigar su impacto y crear entornos que permitan a la figura central del vínculo desarrollar todo su potencial para las generaciones presentes y futuras.
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