La fantasía no es exclusivamente humana y los límites por los que estamos acostumbrados a definirnos vuelven a desplazarse. Este enunciado no es una provocación sin fundamento, sino una invitación para mirar el imaginario desde otras miradas: aquellas que no nacen de la voz humana, sino de la experiencia de otros cuerpos y otros sentidos.
Desplazar el antropocentrismo
Durante mucho tiempo, la fantasía ha insistido en narrar desde el centro de una conciencia humana que observa, juzga y da sentido. Pero cuando escuchamos a un bosque, a un río, a una manada, o a una colonia de insectos, el relato cambia de plano. El mundo deja de ser un escenario para el yo y se transforma en un coautor con agencia. En la literatura, en el cine o en los videojuegos, cada vez más autores permiten que voces no humanas empujen la historia hacia direcciones poco previstas por la anatomía humana.
Voces no humanas en la ficción
La imaginación se nutre de diferencias y de lo que excede lo humano. Un cuento puede presentar un zorro que almacena recuerdos de años y que, a fuerza de experiencia, sabe anticipar las estaciones. Un bosque que habla en el lenguaje de los anillos y de las resonancias del agua puede convertirse en un personaje con memoria propia. Una colonia de hormigas planifica una campaña de exploración que solo el lector descifra cuando las piezas encajan. Estas decisiones narrativas no buscan condescender a lo humano, sino ampliar la paleta de posibilidades: la fantasía se nutre de maneras de ser que no se reducen a la voz de la especie dominante.
La experiencia de la agencia
Invitar a lo no humano a participar de la fantasía no es solo un efecto estético, es una invitación a cuestionar la idea de agencia. Agencias distintas no significan inferioridad, significan diferente organización del sentir, del saber y de la acción. Cuando el lector se ve obligado a considerar la voluntad de otro ser, la experiencia de la historia se vuelve más compleja y, en ocasiones, más honesta. Este giro invita a la empatía hacia otros modos de existencia y, al mismo tiempo, revela nuestras propias limitaciones: lo que damos por sentado como neutral puede ser un marco que excluye otras formas de entender el mundo.
Tecnologías y mundos sintéticos
La fantasía también se reconfigura ante la presencia de tecnologías que generan realidades. La inteligencia artificial, los sistemas generativos y las simulaciones avanzadas abren la posibilidad de coautoría: máquinas que proponen curvaturas narrativas, paisajes que no existen sin la interacción humano-máquina, personajes que aprenden con el usuario. En este sentido, lo no humano no es sólo aquello que está fuera de nosotros, sino aquello que, de alguna manera, comparte la responsabilidad de crear. La fantasía deja de ser un espejo único para convertirse en un laboratorio en el que distintos modos de percepción trabajan juntos para imaginar lo que aún no existe.
Ética y responsabilidad en mundos no humanos
Con la apertura de estas fronteras surgen preguntas importantes. ¿Qué derechos, qué consideraciones morales, merecen las entidades que aparecen en nuestras fantasías cuando son presentadas con agencia y deseo? ¿Qué significa respetar la diversidad de formas de vida en un cuento, en una experiencia de realidad virtual o en un universo compartido con inteligencias artificiales? La respuesta no es simple, pero la dirección es clara: la imaginación responsable no sacrifica la complejidad ética en aras de la maravilla, sino que la utiliza para ampliar nuestra responsabilidad hacia el mundo real y hacia las voces que históricamente han sido silenciadas.
Cierre
La idea de que la fantasía no es exclusiva de lo humano no pretende desarmar lo que tradicionalmente entendemos como identidad, sino expandirla. Al permitir que lo no humano participe del imaginario, recuperamos una forma de curiosidad que no se agota en nuestra experiencia sensorial. Desplazar los límites no significa borrar lo humano, sino hacer sitio para otros modos de estar, de recordar y de soñar. Si miramos la fantasía de este modo, cada historia se convierte en un mapa de reconocimiento: un mapa que nos invita a escuchar, observar y actuar con una sensibilidad que se inclina hacia la diferencia, sin perder la responsabilidad que implica cuidar lo que nos rodea.
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