
Introducción
A medida que las noches se vuelven más calurosas en todo el mundo debido al cambio climático, la salud del sueño se sitúa en el eje de las preocupaciones sanitarias emergentes. La apnea del sueño, un trastorno caracterizado por interrupciones repetidas de la respiración durante la noche, ya representa una carga significativa para la salud cardiovascular y metabólica. Varios modelos epidemiológicos estiman que la prevalencia de la apnea del sueño podría multiplicarse hasta por tres en las próximas décadas, según las variaciones regionales de temperatura y vulnerabilidad poblacional. Este texto presenta un marco clínico para entender ese posible incremento y propone líneas de acción para pacientes, profesionales y responsables de políticas.
Mecanismos y evidencias
El calor nocturno influye en la calidad del sueño y en la fisiología respiratoria de varias maneras. El incremento de la temperatura ambiental puede aumentar la congestión nasal y la inflamación de las vías respiratorias superiores, elevando la resistencia aérea. La desregulación de la termorregulación puede fragmentar el sueño, reducir el sueño profundo y afectar la arquitectura del sueño, lo que a su vez aumenta la probabilidad de episodios de desaturación de oxígeno. Aunque la evidencia directa sobre la multiplicación de la apnea del sueño es incipiente y variable por región, se considera razonable promover medidas preventivas y adaptar las prácticas clínicas ante escenarios de calor extremo y noches templadas.
Implicaciones para la salud
El incremento de la apnea del sueño se asocia con mayor riesgo de hipertensión, cardiopatía isquémica, fibrilación auricular, diabetes y deterioro cognitivo. En un contexto de calor persistente, estos riesgos podrían amplificarse, sobre todo en poblaciones vulnerables como adultos mayores, personas con obesidad y pacientes con comorbilidades respiratorias.
Qué pueden hacer los pacientes y los clínicos
Para los pacientes: mantener una temperatura ambiente adecuada para dormir (idealmente entre 18 y 22 °C según las recomendaciones clínicas), usar ventilación cruzada, ventiladores o aire acondicionado de forma segura, mantener una rutina de sueño regular, evitar estimulantes cerca de la hora de dormir y considerar dispositivos de gestión de apnea si ya están diagnosticados. Para los clínicos: realizar una evaluación de riesgo de apnea en pacientes expuestos a calor nocturno, promover educación sobre higiene del sueño y considerar ajustes en la monitorización y tratamiento en contextos de calor extremo.
Implicaciones de política y líneas de investigación
Se requieren datos regionales para afinar predicciones y orientaciones clínicas. Las políticas de mitigación del calor en hogares, la urbanización sostenible y el acceso a camas y equipos de sueño adecuados pueden influir en la prevalencia real de la apnea. En investigación, es crucial estudiar la interacción entre temperatura nocturna, sueño, inflamación de vías respiratorias y respuesta al tratamiento (p. ej., CPAP) para adaptar guías clínicas y sistemas de salud.
Conclusión
El calentamiento nocturno no es solo un reto ambiental; es un decisivo determinante de la salud del sueño que podría elevar la carga de la apnea del sueño. Preparar a los sistemas de salud, a los profesionales y a las personas para enfrentar este fenómeno supondrá una combinación de prevención, diagnóstico temprano y tratamiento accesible, junto con esfuerzos coordinados de mitigación climática.
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