
“Creo que los trajes son mejores que los del Apolo, pero no creo que sean la gran cosa ahora mismo”. Según astronautas que han realizado caminatas espaciales, los nuevos trajes espaciales de la NASA para el programa Artemis aún necesitan unos ajustes. Este punto de vista, más reservado que triunfal, resume el tono de las evaluaciones actuales: avances notables, pero una madurez operativa que aún está en camino.
En la era de Apolo, los trajes EMU eran robustos y capaces, pero limitaban la movilidad y exigían preparaciones de varias horas para cada EVA. El traje Artemis, conocido como xEMU, promete un salto cualitativo: mayor movilidad en hombros y codos, mejor visibilidad del casco, sistemas de soporte vital más integrados y una modularidad que facilita reparaciones en campo. En teoría, debería permitir a los astronautas realizar tareas con menor esfuerzo físico y con mayor autonomía. Sin embargo, la realidad de caminar en otro mundo requiere pruebas en condiciones reales, y allí es donde surgen los comentarios de los veteranos de EVA.
Entre lo que ha hecho posible el nuevo diseño figuran mejoras como un torso rígido más compacto que facilita el movimiento de la cabeza y cuello, juntas más eficientes, guantes con mayor destreza y una red de enfriamiento más eficaz. Todo ello se traduce en una mayor libertad de maniobra para acoplar herramientas, arreglar equipos o realizar trabajos de mantenimiento fuera de la nave. También se ha priorizado la mantenibilidad: piezas reemplazables en el campo y sistemas de monitorización que alertan sobre anomalías de temperatura o presión.
Pero los astronautas señalan áreas que requieren ajuste. La flexibilidad de las articulaciones, aunque mejor, sigue sin eliminar por completo la fatiga de las manos y los dedos durante tareas finas. Los guantes, en particular, deben equilibrar la sensibilidad táctil con la protección, algo que aún no alcanza el nivel deseado para operaciones prolongadas o en entornos con polvo lunar grueso. La gestión de la temperatura, a su vez, es crítica: la consola de control y los componentes de soporte vital deben ser más intuitivos para evitar distracciones en EVA. Tampoco está resuelta completamente la rapidez con que se puede vestir y desvestir el traje o la facilidad para realizar reparaciones de campo ante una fuga mínima. En conjunto, estos matices señalan por qué, a pesar de la promesa, sigue habiendo trabajo por hacer.
Estas evaluaciones importan porque marcan el ritmo de la transición de la NASA de pruebas en entornos simulados a operaciones reales en la superficie lunar. Las caminatas espaciales de Artemis implican no solo la movilidad, sino la resiliencia ante temperaturas extremas, radiación y microgravedad, y requieren trajes que se comporten de forma fiable durante varias horas. Los próximos ensayos en cámaras de vacío, en laboratorios de flotación y en simuladores de terreno lunar buscan convertir estas observaciones en mejoras concretas de diseño y de procedimientos. El objetivo es que, cuando llegue el momento de las misiones Artemis II y III, cada astronauta cuente con un traje que combine seguridad, facilidad de uso y rendimiento constante.
En suma, los trajes Artemis representan un avance sustancial respecto a los de Apolo, con mejoras que abren posibilidades para misiones más ambiciosas. Aun así, las palabras de los astronautas que ya han trabajado con estos trajes recuerdan que no estamos ante una gloria tecnológica final, sino frente a un proceso de perfeccionamiento continuo. Esa honestidad es, en sí misma, una fortaleza: la ruta hacia la seguridad y la eficiencia en el espacio exige pruebas, iteración y paciencia. Seguiremos atentos a las próximas fases de prueba y a los ajustes que convertirán estas vestiduras en herramientas realmente confiables para la exploración lunar.
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