
Existen vórtices gigantes en las regiones polares de Júpiter y Saturno, pero se manifiestan de formas muy distintas, a pesar de que ambos son planetas gaseosos gigantes. Este hecho, observado gracias a misiones espaciales y a observaciones desde observatorios terrestres, ilustra la diversidad de la meteorología planetaria y nos invita a mirar más allá de lo familiar.
Júpiter presenta un paisaje polar dominado por una constelación de ciclones. En el polo norte se observa un grupo de remolinos de distintos tamaños que orbitan alrededor de un centro central, formando una especie de ballet turbulento. En el polo sur sucede algo similar, con una red de vórtices que parece organizarse en torno a zonas de baja actividad. Estos vórtices jovianos son dinámicos: cambian de forma, tamaño y ubicación con el tiempo, y su vida puede ir desde semanas hasta años. Su origen se vincula a la enorme rotación de Júpiter, a la profundidad de su atmósfera y a la interacción de procesos de convección y turbulencia.
Saturno, por su parte, ofrece una manifestación distinta y distintiva: el hexágono del polo norte. Este rasgo es una onda estable de gran escala que forma un borde hexagonal alrededor del polo y que ha persistido durante décadas. En el interior del hexágono se espera la presencia de un vórtice central que, junto con el entorno de jet envolvente, mantiene la estructura. La existencia de este hexágono ilustra una circulación mucho más organizada y estable que la de Júpiter, y se debe en parte a la estructura de los jets de Saturno y a la composición y condiciones de su atmósfera.
Qué nos dicen estas diferencias es que, si bien ambos planetas son gigantes gaseosos, la meteorología de sus atmósferas puede divergir de maneras notables. La rotación, la profundidad de la atmósfera, la energía interna y la composición química actúan como paletas que dibujan estas figuras: un mosaico de vórtices dinámicos en Júpiter frente a una geometría estable y geométrica en Saturno.
En conclusión, estudiar estos vórtices no solo amplía nuestra comprensión de la meteorología extrema, sino que también nos ayuda a plantear y probar modelos de fluidos en condiciones de rotación intensa y de atmósferas profundamente estratificadas. Si te interesa este tema, podemos profundizar en cómo estas estructuras se alimentan de la energía interna de cada planeta y qué preguntas quedan abiertas para futuras misiones y simulaciones.
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