Entre el cáncer y la memoria: explorando por qué sobrevivientes podrían presentar un menor riesgo de Alzheimer


Un cuerpo de evidencia emergente sugiere que los sobrevivientes de cáncer presentan un riesgo 33% menor de desarrollar Alzheimer en comparación con la población que no ha tenido cáncer. En términos de medidas, se ha reportado un riesgo relativo cercano a 0.67 en cohortes seleccionadas. Aunque el dato es llamativo, debe interpretarse con cautela: las cifras pueden variar según la edad, el tipo de cáncer, el tratamiento recibido y el periodo de seguimiento.

Hasta ahora, las razones del supuesto mecanismo neuroprotector eran desconocidas. Este hecho ha impulsado a la comunidad científica a plantear múltiples hipótesis y a buscar indicios que expliquen una posible relación entre la historia de cáncer y la vulnerabilidad frente a la enfermedad de Alzheimer.

Algunas ideas que se debaten en la literatura incluyen:
– Vigilancia inmunitaria y regulación de la inflamación: una mayor activación o reprogramación del sistema inmune podría influir en procesos cerebrales relacionados con la acumulación de placas o la neurodegeneración.
– Alteraciones metabólicas y vías de señalización: cambios en rutas como IGF-1, mTOR y el metabolismo de la glucosa podrían afectar el envejecimiento cerebral y la respuesta a las proteínas asociadas a Alzheimer.
– Efectos de tratamientos oncológicos: regímenes de quimioterapia o radioterapia pueden producir cambios a largo plazo en el cerebro; si bien no se puede afirmar una neuroprotección general, estas intervenciones podrían modular procesos neuronales relevantes en algunos pacientes.
– Factores de estilo de vida y atención médica: la mayor vigilancia clínica y la adopción de hábitos de vida saludables entre sobrevivientes pueden reducir factores de riesgo cognitivo secundarios a comorbilidades como diabetes o hipertensión.
– Sesgo de supervivencia y sesgo de detección: la mayor mortalidad por cáncer puede reducir la probabilidad de observar Alzheimer en cohortes largas; además, la atención médica continua puede influir en el diagnóstico oportuno de otras condiciones, afectando estimaciones de incidencia.

Qué significa para la práctica clínica y la investigación? Por ahora, no se recomienda modificar tratamientos de cáncer con la intención de influir en el riesgo de Alzheimer. Los hallazgos deben ser interpretados como un tema de investigación que necesita confirmación en diferentes poblaciones y con diseños que controlen sesgos y confundidores. En la actualidad, la mejor evidencia permanece en promover hábitos de salud brain-friendly, mantenerse activo y controlar factores de riesgo cardiovasculares e metabólicos.

En resumen, este conjunto de observaciones abre preguntas fascinantes sobre la interrelación entre el cáncer y el envejecimiento cerebral. Avanzar en la investigación para confirmar estas asociaciones y entender los mecanismos podría aportar pistas para estrategias preventivas y terapéuticas en Alzheimer.
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