
En un hito de la robótica y la oceanografía, un equipo de investigación estadounidense ha desarrollado con éxito el robot autónomo más pequeño de la historia. Con dimensiones que caben dentro de un grano de sal, este diminuto autómata puede nadar bajo el agua durante meses sin intervención humana, impulsado exclusivamente por la luz.
El secreto reside en una arquitectura asimétrica y en materiales fotoactivos que convierten la energía luminosa en empuje. Al exponerse a la luz, se activa un proceso de fotocatálisis o de efectos fototérmicos que genera gradientes de presión y corrientes locales en el agua, produciendo movimiento en una dirección sostenida. No requiere baterías ni combustible externo a bordo; la energía se recolecta del entorno mientras la luz esté disponible. Su pequeño tamaño es posible gracias a técnicas de microfabricación y a una carcasa que protege los componentes frente a la salinidad y la corrosión.
Este avance tiene implicaciones relevantes para la monitorización ambiental y la exploración submarina. Al poder dispersarse en grandes volúmenes de agua y permanecer operativos durante meses, estos robots podrían complementar las redes de sensores tradicionales y facilitar la recogida de datos sin necesidad de intervenciones humanas constantes.
Entre las posibles aplicaciones se cuentan la vigilancia de ecosistemas marinos, la detección de contaminantes y microplásticos, el muestreo de parámetros oceanográficos y la recopilación de datos en zonas de difícil acceso. También existen miradas sobre su uso educativo y en proyectos de ciencia ciudadana que buscan involucrar a comunidades en la observación de los mares.
Aun así, quedan desafíos por delante. La fiabilidad bajo diferentes condiciones de iluminación y profundidad, la gestión de ciclos de datos y la seguridad de que los dispositivos no perturben a la fauna son temas que requieren atención. La dependencia de la luz implica que la velocidad y el alcance pueden variar con la hora del día, la turbidez del agua y otros factores ambientales. Además, será necesario definir marcos respecto a la retirada o descomposición de estos robots al final de su vida útil y a la regulación de su deployment en entornos naturales.
En conjunto, este logro marca una inflexión en la robótica submarina. A medida que la investigación avanza, la clave será equilibrar la innovación tecnológica con la protección de los ecosistemas y la viabilidad operativa para convertir este tipo de dispositivos en herramientas útiles para la ciencia y la gestión de los recursos marinos.
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