Calcio marino y un posible motor de enfriamiento adicional durante el Cenozoico


El Cenozoico es una era de grandes cambios climáticos: desde las condiciones más cálidas del Paleógeno temprano hasta el fuerte enfriamiento y la expansión de las capas de hielo en las latitudes altas que caracteriza la fase reciente de la historia de nuestro planeta. Mucho se ha escrito sobre el papel de las emisiones de CO2, la tectónica de placas, las rutas de circulación oceánica y la acumulación de hielo en los continentes. Sin embargo, la historia del clima también podría haber estado entrelazada con un cambio menos visible pero potencialmente significativo: un descenso sostenido en el nivel de calcio en el océano. En este blog draft exploramos una hipótesis que relaciona la química del calcio marino con un posible motor adicional de enfriamiento del planeta durante el Cenozoico, y discutimos qué evidencia podría apoyar o desafiar esta idea.

1) Un vistazo a la química del calcio en el océano
Los océanos son una bodega de iones fundamentales para la química marina: sodio, potasio, calcio, magnesio, cloruros, bicarbonatos y carbonatos configuran un sistema químico en equilibrio dinámico con la atmósfera y la corteza terrestre. El calcio (Ca2+) en el agua de mar participa de una red de reacciones que están estrechamente relacionadas con la precipitación de carbonato de calcio (CaCO3) y con la formación de carbonatos y bicarbonatos (CO3^2-, HCO3^-). Esa red controla, entre otros aspectos, la alcalinidad total del océano y el grado de saturación de distintos minerales carbonatados. En resumen: cambios en la disponibilidad de calcio en el mar pueden influir en la tasa de sedimentación de carbonatos y en la forma en que el carbono inorgánico queda almacenado o liberado en el sistema océano-atmósfera.

2) La hipótesis: un descenso de Ca2+ como posible acelerador de la captura de carbono a gran escala
La idea central es que, si durante un tramo prolongado del Cenozoico el Ca2+ en el océano disminuyó de forma sostenida, el equilibrio químico de los carbonatos podría haber cambiado de manera que favoreciera un almacenamiento de carbono adicional en el sistema oceánico y/o terrestre, reforzando una ventana de enfriamiento. En términos generales, se podrían activar varios lazos de retroalimentación:

– Menor Ca2+ podría reducir la tasa de precipitación de CaCO3 en sedimentos carbonatados. Aunque a primera vista menos precipitación podría parecer que reduce la eliminación de CO2 del océano, en la práctica, la reducción de la capacidad de formar carbonato puede desplazar el balance hacia alternativas de almacenamiento de carbono, por ejemplo aumentando la profundidad de la columna de carbonatos en solución y promoviendo procesos de disolución que consumen CO2. Este efecto disuelto podría favorecer condiciones de alcalinidad que, a su vez, interactúan con el ciclo del carbono en la superficie y con la capacidad del océano para transportar y depositar carbono en aguas profundas.

– Un cambio en la alcalinidad, vinculado al menor Ca2+, podría moduler la eficiencia de reacciones entre CO2 atmosférico y la columna oceánica. En escenarios donde la alcalinidad se estabilice o se modifique favorablemente para la captura de CO2, una reducción sostenida de calcio podría facilitar que más CO2 se retire de la atmósfera y se mantenga en formas inorgánicas dentro del océano profundo o en sedimentos carbonatados, colaborando en un enfriamiento progresivo.

– La dinámica de la circulación oceánica y la productividad marina también entran en juego. Si el descenso de calcio se acompaña de cambios en la acidez del océano, en la estructura de los hábitats calcificantes (foraminíferos, pectínidos, corales) o en la productividad biológica, podría haber ajustes en la proporción entre carbonatos y materia orgánica enterrada. Algunas combinaciones de factores pueden favorecer un mayor enterramiento de carbono orgánico o de carbonatos, con un efecto neto de reducción de CO2 atmosférico y, por ende, de enfriamiento.

3) ¿Qué evidencia podría apoyar o refutar esta idea?
– Registros de calcio y alcalinidad en el océano: indicadores geológicos y geofísicos que permitan reconstruir la variabilidad de Ca2+ marino a lo largo del Cenozoico serían clave. Proxies que informen sobre cambios en la saturación de carbonatos y en la alcalinidad total podrían señalar si el océano pasó por fases de menor calcio disponible.
– Proxies de sedimentación carbonatada: cambios en la proporción de carbonato cálcico precipitado versus disuelto en sedimentos oceánicos podrían revelar si la sedimentación carbonatada respondió a variaciones en Ca2+ y en la química del carbonato. Una relación entre descensos de Ca2+ y episodios de mayor reconocimiento de enterramiento de carbono podría respaldar la hipótesis.
– Isótopos y firmas químicas en conodontos, foraminíferos y otros organismos calcificantes: variaciones en relaciones Ca/Mg, Sr/Ca y otros sistemáticos podrían indicar cambios en la disponibilidad de calcio o en las condiciones de calcificación. Las firmas de oxígeno y carbono en esqueletos calcificados también pueden ofrecer pistas sobre cambios climáticos y de alkalinidad.
– Modelos de balance geoquímico: simulaciones que integren la química del calcio, la sedimentación carbonatada, la circulación oceánica y las tasas de meteorización silicatéica podrían evaluar si un descenso sostenido de Ca2+ es suficiente para producir un enfriamiento adicional a través de las rutas de almacenamiento de carbono descritas. Sería crucial probar la sensibilidad de los resultados a distintas configuraciones de tectónica y de productividad oceánica.

4) Implicaciones y límites de la hipótesis
– Es, en esencia, una hipótesis exploratoria. El Cenozoico ya es conocido por la interacción de múltiples forzantes: reducción de CO2 volcánico, incremento de la erosión continental y la intensificación de la circulación oceánica que promovieron el secuestro de carbono. Añadir un descenso de Ca2+ como motor adicional de enfriamiento amplía el marco de posibles retroalimentaciones, pero requiere pruebas rigurosas y una cuantificación cuidadosa de magnitudes y tiempos.
– La magnitud de cualquier efecto dependería de la coordinación entre cambios en Ca2+, alcalinidad, saturación de carbonatos y respuestas biogeoquímicas en océano y tierra. Pequeñas variaciones en la química marina pueden verse amplificadas por efectos de retroalimentación sobre CO2 y temperatura, o pueden verse diluidas por otros procesos dominantes.
– Esta línea de investigación no pretende desplazar a explicaciones ampliamente respaldadas (como la tectónica de placas, la disminución de CO2 volcánico y la intensificación de la weathering silicatéica), sino aportar un ángulo adicional para entender la compleja red de causas y efectos que moldearon el clima del Cenozoico.

5) Cómo avanzar en esta línea de investigación
– Integrar datos paleoquímicos con modelos de balance de carbono y carbonato, incorporando variables de calcio y alcalinidad en escenarios de Cenozoico.
– Desarrollar y promover proxies modernos y paleo para reconstruir Ca2+ marino con resolución temporal suficiente para detectar cambios durante episodios climáticos relevantes.
– Fomentar enfoques interdisciplinarios que combinen oceanografía, geología marina, paleoclimatología y biogeoquímica para evaluar la plausibilidad de estas interacciones y su relevancia relativa frente a otras forzantes.

Conclusión
La posibilidad de que un descenso en el calcio del mar haya actuado como un motor de enfriamiento adicional durante el Cenozoico invita a revisar la historia de nuestro planeta con una perspectiva más integrada: no solo consideremos la cantidad de CO2 que entra o sale de la atmósfera, sino también cómo la química infinita de los océanos, en particular el ciclo del calcio y del carbonato, puede modular ese balance en escalas geológicas. Si bien la hipótesis requiere evidencia sólida y validación mediante modelos, abre una vía interesante para entender mejor por qué el clima de la Tierra ha seguido una trayectoria de enfriamiento tan sostenida y qué respuestas podría tener el sistema ante cambios futuros en la química oceánica.
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