Introducción: El tramadol se ha utilizado ampliamente para tratar el dolor crónico en diferentes ámbitos clínicos. A pesar de su perfil dual (opioide μ y modulador de la recaptura de serotonina/norepinefrina), la evidencia reciente sugiere que su beneficio clínico puede ser menos claro de lo esperado y varía según la condición y el paciente.
Evidencia y interpretación: Los metanálisis más recientes señalan efectos modestos sobre la intensidad del dolor y la función, con heterogeneidad considerable entre condiciones (dolor osteoarticular, dolor crónico musculo-esquelético, dolor neuropático). En algunos escenarios, el beneficio absoluto puede no superar la variación de la respuesta individual, y el tamaño del efecto clínico puede ser borderline en comparación con otros analgésicos o con tratamientos no farmacológicos. A ello se suma la diversidad de diseños de estudio, las diferencias en dosis y duración, y la influencia de comorbilidades y concomitantes psíquicas.
Riesgos y seguridad: Tramadol conlleva riesgos importantes: dependencia y tolerancia, síndrome de abstinencia al interrumpirlo, efectos adversos como náuseas, estreñimiento, somnolencia, mareo, y, en algunos pacientes, convulsiones o hiperexcitabilidad cuando se combina con inhibidores de la recaptura de serotonina o drogas que aumentan el umbral de convulsiones. También existen preocupaciones sobre abuso y mal uso, especialmente en poblaciones vulnerables. Por estas razones, muchas guías recomiendan usar tramadol con precaución, por periodos limitados y con seguimiento estrecho, y en algunos casos como segunda o última opción cuando otros tratamientos se han probado o no son tolerados.
Implicaciones para la práctica clínica:
– Evaluación individualizada: cada paciente debe ser valorado por su capacidad de respuesta, riesgos y preferencias.
– Enfoque multimodal: el manejo del dolor crónico debe incluir estrategias farmacológicas y no farmacológicas (terapia física, ejercicio, educación para el dolor, intervenciones psicológicas como la terapia cognitivo-conductual).
– Consideraciones de seguridad: revisar antecedentes de abuso, convulsiones, uso concomitante de otros fármacos que aumenten el riesgo de efectos adversos, y monitorizar signos de dependencia o deterioro cognitivo.
– Alternativas: en muchos casos, opciones como AINEs en información adecuada, acetaminofén, duloxetina, gabapentinoides, o tratamientos intervencionistas pueden ser más apropiadas, dependiendo de la etiología y la comorbilidad.
Conclusión: El tramadol puede tener un papel en el manejo del dolor crónico para ciertos pacientes, pero la evidencia sugiere que su beneficio neto puede ser limitado en comparación con otros enfoques, y debe sopesarse cuidadosamente frente a los riesgos. La decisión debe basarse en una evaluación integral, con un plan de seguimiento claro y una estrategia de reducción o retirada cuando la eficacia no se mantiene o aparecen efectos adversos.
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