
En los primeros años de la presidencia de Milei, la ciencia argentina ha enfrentado un conjunto de indicadores que preocupan a la comunidad académica. Se habla de degradación institucional, desfinanciamiento acelerado y paralización de proyectos estratégicos. Aunque hay visiones diversas sobre las causas, muchos actores coinciden en que el tamaño y la cadencia de los recortes han afectado la continuidad de la investigación y la capacidad de respuesta a problemas nacionales.
Financiamiento: el presupuesto destinado a ciencia, tecnología e innovación ha demostrado una caída relativa respecto a años anteriores, con retrasos en nuevas convocatorias, congelamiento de programas y menor capacidad de inversión en infraestructura. Esto ha llevado a la cancelación o posposición de proyectos de mediano y largo plazo que requieren planificación sostenida.
Impacto en proyectos estratégicos: laboratorios que dependen de adquisiciones regulares de equipos, mantenimiento de instalaciones y contratos de personal eventual han visto interrupciones. Proyectos en áreas clave como biotecnología, energía, salud pública y cambio climático han enfrentado demoras que erosionan su capacidad de competir internacionalmente y de formar talento local.
Desfinanciamiento y talento: la reducción de recursos complica la retención de investigadores jóvenes y el desarrollo de visas o estancias para colaboración internacional, aumentando la fuga de cerebros. Sin estabilidad presupuestaria, la planificación de carrera científica se ve comprometida, desincentivando a futuros científicos a emprender proyectos de largo plazo.
Cooperación y competitividad: la ciencia argentina depende en buena medida de alianzas internacionales y de financiamiento conjunto. Con presupuestos volátiles, la cooperación internacional se ve afectada, y los proyectos conjuntos pueden sufrir reajustes o cancelaciones, dificultando la llegada de fondos y tecnologías.
Qué hacer: frente a estos retos, la comunidad científica propone caminos para mitigar el daño y preservar la continuidad de la investigación: (1) asegurar un piso presupuestario estable para I+D, con reglas claras para la asignación y la transparencia; (2) salvaguardar convocatorias estratégicas y condicionar financiamiento a metas y resultados verificables; (3) fortalecer la relación entre universidades, centros de investigación y sector productivo para diversificar fuentes de financiamiento; (4) crear mecanismos de financiamiento de emergencia para proyectos críticos; (5) invertir en retención de talento y formación de jóvenes, con planes de carrera y apoyo a movilidad nacional e internacional.
Conclusión: sin un marco de financiamiento estable y una visión compartida de largo plazo, la ciencia argentina corre el riesgo de perder capital intelectual, debilitar su capacidad competitiva y dejar de responder a los desafíos sociales y económicos del país. Es imprescindible un compromiso claro con la ciencia como bien público y motor de desarrollo, a través de políticas de Estado que protejan la continuidad de la investigación, las infraestructuras y las personas que componen el ecosistema científico.
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