Doce meses en la Casa Blanca: el regreso de Trump como 47º presidente


El 20 de enero de 2025, Donald Trump regresó a la Casa Blanca para asumir como 47º presidente de Estados Unidos, después de haber sido el 45º. Este año ha representado una mezcla de continuidad y giro estratégico, un ejercicio de gobernanza en el que la experiencia pasada se conjugó con la necesidad de adaptar políticas a un entorno cambiante. A continuación, se ofrece una mirada analítica a los doce meses desde aquel momento.

En lo político interno, la agenda buscó consolidar una visión de economía orientada al crecimiento y a la desregulación selectiva, con un énfasis en la inversión privada y en la reducción de costos para las empresas. En el plano fiscal, se defendió una estrategia de gasto e ingresos que pretendía estimular la actividad sin dejar de lado la sostenibilidad de la deuda. Paralelamente, se enfatizó una agenda de seguridad y migración centrada en reforzar fronteras y en renegociar acuerdos que busquen equilibrar costos y beneficios para la sociedad.

En lo internacional, la administración adoptó una postura de mayor protagonismo de Estados Unidos en foros multilaterales, mientras persiguió una renegociación de tratados comerciales y una defensa más firme de las alianzas históricas. En su relación con potencias como China, la mirada fue de competencia estratégica que combina presión comercial con inversión selectiva y cooperación en áreas de interés geoestratégico. El objetivo fue sostener la seguridad y la prosperidad sin abandonar la cooperación en temas globales cuando así convenga a intereses nacionales.

En el plano de gobierno y administración, los nombramientos y el equipo cercano enfatizaron la continuidad de ciertas líneas de acción y la introducción de candidaturas orientadas a acelerar decisiones en economía, seguridad y regulaciones. El proceso de confirmación en el Congreso estuvo marcado por un tono de debate áspero pero funcional, con un flujo de iniciativas que buscaba dejar identificables marcas de política pública a corto, medio y largo plazo.

En el plano social y mediático, el año estuvo marcado por una conversación pública intensa, con una polarización que se mantuvo en el centro de la agenda informativa. La forma en que se comunicaron las políticas, así como el ritmo de las decisiones, alimentó narrativas que variaron entre apoyo entusiasta y escepticismo crítico, recordando que la gobernanza de un país diverso requiere canales de diálogo y claridad de objetivos.

Mirando hacia el futuro, estos doce meses dejaron claras varias lecciones: la importancia de una visión administrable, la necesidad de construir puentes entre distintas corrientes políticas y la responsabilidad de comunicar con precisión los impactos de las medidas adoptadas. Si se quiere sostener la estabilidad y el crecimiento, será imprescindible equilibrar señales de firmeza con políticas que alcancen a las comunidades más afectadas por la economía y la seguridad. El año que viene podría consolidar o reconfigurar este regreso, dependiendo de la capacidad de la administración para traducir decisiones en resultados tangibles para la vida cotidiana de los estadounidenses.
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