¿Sabías que hace unos 4300 años en la Península Ibérica se vivió un fenómeno climático que cambió por completo la forma de vida de sus habitantes? Hablamos del Evento climático 4.2 ka BP, un periodo que nos recuerda que el clima puede ser un verdadero juego de muñecas rusas, donde cada cambio trae consigo nuevas realidades.
Durante este tiempo, las temperaturas aumentaron unos dos grados, pero no solo eso; también se desató una sequía prolongada que afectó de manera drástica a los ecosistemas de la región. En el sur peninsular, esto resultó en una degradación ambiental considerable, poco a poco se fueron agotando los recursos forestales y, por si fuera poco, los matorrales comenzaron a expandirse mientras los robles y alcornoques se iban haciendo raros y escasos.
Como resultado, se produjo un fuerte aumento de las encinas, esas mágicas y resistentes que todavía podemos ver hoy en día. Este impacto climático fue de tal envergadura que, según el estudio Tiempo, sostenibilidad y colapso en los grandes asentamientos de la Edad del Cobre en la Península Ibérica, elaborado por el catedrático de Prehistoria Leonardo García Sanjuán y el geógrafo Francisco Sánchez Díaz de la Universidad de Sevilla, contribuyó a un colapso significativo en las grandes culturas de la época.
Las imágenes que acompañan este texto no solo ilustran estos megasitios impresionantes, sino que también nos invitan a reflexionar sobre cómo nuestros entornos son vulnerables ante cambios que a menudo no podemos controlar. Si te interesa saber más sobre este tema fascinante y cómo el cambio climático sigue influyendo en nuestra historia, te invito a seguir leyendo.
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