El Arte de Conectar: Un Viaje en la Amistad

La obra anónima 'Cupido con mariposas', perteneciente a la colección de la Galería de Arte A. Deineka, en Kursk (Rusia).

Vivo rodeada de gente que parece tener una habilidad innata para hacer amigos, mientras que para mí, cada nueva conexión es un evento extraordinario y casi mágico. Confiésalo: ¿quién no ha sentido esa punzada en el corazón cuando se establece un lazo especial con alguien? A veces me siento como si tuviera un ancho de banda social limitado, capaz de conectar con un máximo de cinco personas en un evento social. Y aunque esto puede parecer desafiante, cada vez que sucede, es como si estuviera enamorada.

Imaginar a esta nueva persona me envuelve en una especie de felicidad. Al igual que en una relación romántica, me encuentro pensando en ella cada día. Escuchar sus audios se convierte en un placer inigualable; disfruto cada risa, cada palabra. Mi curiosidad se despierta al querer ver fotos de su familia, conocer la aldea donde creció y descubrir nuestras canciones y películas favoritas en común. Me lanzo a hacer regalos sin motivo, siento un impulso de cariño desmesurado y me vuelvo protectora. Me pregunto si esa persona me corresponde de la misma manera, aunque, como bien sabemos, todos percibimos el mundo desde nuestra propia perspectiva, distorsionando la realidad de alguna manera.

Así que aquí estoy, navegando por este hermoso pero complicado océano de las relaciones. La conexión humana tiene sus altibajos, pero cada nuevo amigo es un regalo, una historia que contar. Y aunque todo esto puede parecer problemático, también es parte de lo que nos hace humanos.

Todo esto es muy problemático.

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