
Los domingos en Madrid tienen un encanto especial, y si no me crees, déjame contarte sobre una costumbre que se ha convertido en un ritual personal. Hace unos meses, me mudé a Chueca, un barrio vibrante, lleno de vida y personalidad. Cada domingo, sin faltar ni uno, salgo de mi pequeño departamento con una gran sonrisa y un par de monedas en el bolsillo.
Primero, me dirijo a la plaza de Vázquez de Mella, donde arranco el día con un desayuno digno de un rey: un cruasán suave y unos deliciosos churros, que se sumergen en un café cortado caliente. No hay mejor manera de comenzar el día que con un buen café y un dulce.
Tras la comida, mi siguiente parada es comprar el periódico dominical de EL PAÍS. No sé tú, pero para mí es una pequeña tradición que me hace sentir conectado con la ciudad. Con el periódico bajo el brazo, me encamino hacia la famosa calle de Alcalá. Siempre que cruzo la Cibeles, no puedo evitar que mi mente se llene de recuerdos de esa canción que me persigue desde hace tiempo: ‘Mírala, mírala, mírala, la puerta de Alcalá…’.
Y así, dejando el monumento a mi izquierda, sigo mi camino hacia el parque del Buen Retiro. A veces, me detengo a contemplar el paisaje, a observar a la gente que pasa y a perderme en mis pensamientos. La vida en Madrid nunca deja de sorprenderme, y cada domingo es una nueva oportunidad para disfrutar de lo que esta maravillosa ciudad tiene para ofrecer.
Así que, si algún día te encuentras en Madrid, te invito a que sigas esta tradición. Quién sabe, puede que te enamores de la ciudad tanto como yo lo hice. ¡Feliz domingo a todos!
from EL PAÍS Edición México: el periódico global en EL PAÍS https://ift.tt/V5dFAuq
via IFTTT IA