En las calurosas calles de Gaza, la vida se presenta como un verdadero desafío para sus habitantes, especialmente para los más jóvenes. Jamal Abu Amer, un niño de solo 11 años, es un ejemplo perfecto de esta lucha diaria. Imagina tener que pedalear con dos contenedores de agua atados a tu bicicleta, mientras la tensión del día a día se palpita en cada rincón.
Hoy, Jamal ha pasado dos largas horas en la cola de la mayor estación desalinizadora de Gaza. Esta espera no es solo una rutina; es una necesidad vital. Una vez que logra abastecerse con agua, arranca su viaje de un kilómetro hacia la tienda de su familia. Pero hay un detalle crucial: debe hacerlo sin derramar ni una gota, ya que cada litro cuenta para su hogar de ocho personas.
Esta es la cruda realidad de muchos niños en Gaza, donde la escasez de agua se ha convertido en un arma silenciosa. Las condiciones en las que viven son un recordatorio constante de la lucha por recursos esenciales y la resiliencia de una comunidad que se niega a rendirse, a pesar de las adversidades. La historia de Jamal no es única, sino un reflejo de la vida cotidiana de cientos de miles de personas que transitan por calles profundamente afectadas por la crisis del agua.
Si quieres conocer más sobre esta realidad desgarradora y el impacto que tiene en la población de Gaza, no dudes en seguir leyendo.
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