El silencio en la nave industrial de la fábrica de pantalones vaqueros se hizo sepulcral después de que el gerente anunciara por el altavoz, en una tarde de agosto, que esa y tres plantas más en el Estado de Coahuila iban a cerrar. Wrangler, la firma textil del conglomerado estadounidense Kontoor, ha echado el cierre en México después de 25 años y cuando la incertidumbre por el comercio en todo el mundo está creciendo.
La sorpresa para los casi 3.000 trabajadores fue mayúscula. Todos esperaban que la situación económica mejorara, pero nunca imaginaron que recibirían una noticia tan devastadora. Entre las explicaciones, por supuesto, estaba el giro proteccionista de Estados Unidos para las exportaciones, pero también algo que nadie vio venir: la mejora de los salarios para los trabajadores de la maquila en México en los últimos años.
Este cierre no solo representa la pérdida de empleos directos, sino también un impacto en las comunidades locales que dependían de la fábrica. En una era donde los giros económicos son frecuentes, el caso de Wrangler se convierte en un ejemplo de las complejidades de la industria textil y las realidades del comercio global.

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