Descubriendo Madrid a través de Los Domingos de Irving

¿Alguna vez te has preguntado cómo es la vida de un expatriado en una ciudad vibrante como Madrid? Hoy quiero compartir contigo la historia de Irving, un tipo que supo encontrar la esencia de la ciudad a través de una pequeña rutina que instauró desde su llegada.

Unos meses después de establecerse en esta magnífica metrópoli, Irving creó su propio ritual dominical, uno que lo acompañaría en cualquier clima, apostando aunque fuera por un par de euros. Su día comenzaba en Chueca, donde se despertaba en su minúsculo piso, listo para afrontar el día.

Primero, se dirigía a la plaza de Vázquez de Mella para disfrutar de un desayuno que a muchos les haría salivar: un cruasán y unos churros que se sumergían en un café cortado bien caliente. Sin duda, un arranque perfecto para cualquier domingo.

Con la energía recargada, Irving buscaba la edición dominical de EL PAÍS y se embarcaba en un pequeño recorrido hacia la calle de Alcalá. Cada paso lo acercaba más a uno de los símbolos más representativos de la ciudad: la Cibeles.

Y allí, con la puerta de Carlos III a la vista, Irving no podía evitarlo; siempre se encontraba cantando a voz baja esos versos pegajosos que no se le iban de la cabeza: “Mírala, mírala, mírala, la puerta de Alcalá…” ¡Qué momento tan mágico!

Una vez cruzada la Cibeles, se adentraba en el hermoso parque del Buen Retiro. No hay nada como disfrutar de un paseo en este lugar lleno de vida, naturaleza y, por supuesto, la esencia misma de Madrid.

A través de esta simple rutina, Irving encontró su lugar en la ciudad, creando recuerdos que seguramente guardará para siempre. Así que, la próxima vez que te encuentres en Madrid, considera tomar parte en esta tradición. ¡Quién sabe qué nuevas aventuras te esperan!

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