
La Fórmula 1 está al rojo vivo. La complejidad de la overhaul de reglas para 2026 ha puesto a los equipos en modo maratón, con cada detalle pesando como una piedra de toque para el rendimiento de la temporada.
Hasta el extremo de que la intención de afinar el coche de cara a Melbourne en marzo obligó a pedir una shakedown adicional, además de las dos pruebas de tres días ya programadas en Baréin. Sí: más trabajo de carretera para que los rivales se jueguen todo en las primeras curvas de cada carrera.
El nuevo conjunto de unidades de potencia, con una dependencia mucho mayor de un sistema MGU-K eléctrico más potente, ha generado nervios y dudas en los pits. Un escenario donde cada kilovatio y cada vuelta cuentan, y la conversación entre equipos y proveedores ha sido intensa para garantizar la fiabilidad sin sacrificar el rendimiento.
La intensidad fue tal que se contempló la shakedown de Barcelona a puerta cerrada, con Baréin también entendido dentro de este marco de pruebas exhaustivas. El objetivo es claro: entender dónde están los límites antes de la rampa de salida en Melbourne.
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