
El paddock de Barcelona vibraba este miércoles mientras Haas volvía a la pista para el shakedown. Oliver Bearman pilotó el VF-26 con la ambición de reconectar con la velocidad y recoger datos valiosos, pero la sesión dejó claro que las pruebas aún tienen obstáculos. Dos problemas de fiabilidad frenaron la progresión del día, y uno de ellos fue descrito por Ayao Komatsu como especialmente grave, poniendo a prueba la resistencia de la estructura estadounidense.
El segundo día en pista fue una nueva oportunidad para evaluar, afinar y entender las limitaciones del prototipo en un entorno controlado. En Barcelona se permitía que cada equipo rodara en tres de los cinco días disponibles, y Haas aprovechó cada sesión para extraer información que alimente su desarrollo a corto plazo.
A pesar de las interrupciones, el equipo trabajó a fondo para convertir cada dato en aprendizaje práctico. La determinación de Haas es evidente: convertir estos contratiempos en progreso concreto para acercarse a los avances que esperan ver en las próximas salidas.
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