Recientemente, durante el Foro de Semiconductores México-Estados Unidos, se encendieron las alarmas diplomáticas cuando Mark Johnson, el encargado de negocios de EE. UU. en México, lanzó unas declaraciones contundentes. Afirmó que “Estados Unidos no tolerará la dependencia de tecnologías críticas de China, como los semiconductores” y, de paso, instó a México a jugar un rol crucial en este nuevo marco.
La Embajada de China en México no se quedó de brazos cruzados y manifestó su “enérgica insatisfacción y firme oposición” a estos comentarios. En un comunicado, acusaron a EE. UU. de intentar imponer una “mentalidad de competencia geopolítica” e intentar utilizar a México en un juego industrial que no le beneficiaría.
La embajada china señaló que cada vez que EE. UU. percibe que otros países avanzan en sectores clave, rápidamente los etiqueta como “dependientes” y recurre a medidas intimidatorias para mantener su monopolio. Sin duda, estas afirmaciones reflejan un laberinto de intereses cruzados y tensiones que podrían afectar además a otros países del Sur Global, incluido nuestro querido México.
China, por su parte, expresó su deseo de un mundo “multipolar, igualitario y ordenado”, y rechazó cualquier tipo de “coerción económica” que limite la cooperación entre naciones. En un contexto global donde la colaboración es más necesaria que nunca, estos desencuentros podrían llevar a una serie de repercusiones en la forma en que los países interactúan entre sí.
Este tipo de tensiones internacionales nos llevan a reflexionar sobre el papel que México puede desempeñar en esta red. ¿Será que podemos convertirnos en un puente entre potencias, o quedaremos atrapados en el fuego cruzado de estas disputas? Solo el tiempo lo dirá. Pero una cosa es cierta: todos queremos que México esté en una posición que le permita crecer y prosperar en un entorno competitivo que no le imponga etiquetas negativas.
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