La Lucha por Justicia en Cotacachi: La Historia de María Lucila Guitarra

En Cotacachi, un pueblo en la hermosa provincia de Imbabura, la tristeza y la rabia se entrelazan en la lucha de María Lucila Guitarra. Esta viuda, con su voz llena de dolor, clama por justicia para su esposo, Efraín Fuerez, un hombre de 46 años que perdió la vida en medio de la represión militar durante las recientes protestas indígenas en Ecuador.

María Lucila relata que su marido fue asesinado por ‘tres impactos de bala’ de las Fuerzas Armadas. Esto se reveló a través de denuncias de la Conaie, la principal organización de pueblos originarios, y de una ONG de derechos humanos. En este momento, la Fiscalía investiga su trágica muerte, pero para María Lucila, el dolor es insoportable. Su esposo no solo era un dedicado artesano y albañil, sino también un padre amoroso de dos hijos, una joven de 25 años y un niño de 11.

“Señor (Daniel) Noboa, no somos terroristas”, protesta Guitarra desde su hogar, en el centro de tensiones sociales donde las calles se tapan con troncos y piedras en señal de protesta contra el aumento del precio del diésel – ¡un 56% más! Su clamor es claro: “Me quitaron a mi esposo, a mi sustento, y ahora mis hijos están destrozados”. Es una situación desgarradora que resuena en el corazón de muchos.

Las protestas han durado más de una semana, y mientras los manifestantes definen sus posiciones, el gobierno afirma que están detrás de “actos terroristas” y amenaza con hasta 30 años de cárcel para los responsables. En medio de esto, se han realizado 90 detenciones, donde al menos 12 están enfrentando procesos judiciales por terrorismo. Es un ESPERANZA que se vuelve pesadilla día tras día.

Fuerez no solo protestaba por su dignidad, sino también por la liberación de aquellos otros manifestantes que han sido injustamente apresados. La última vez que habló con su esposa fue esa misma madrugada, sin saber que sería la despedida.

¿No está mal el país?

La respuesta a esa pregunta puede variar, pero para Guitarra, la realidad es palpable. “Las autoridades dicen que no está mal el país; yo les invito a mi casa, a mi hogar, donde vivía con mi esposo y que vean cómo vivimos, cómo tratamos de superarnos día a día”. Su historia no es solo la suya; es un reflejo de muchas familias que, en silencio, sufren la injusticia.

El agonizante llamado de Fuerez fue grabado y luego difundido por la Conaie, un terrible recordatorio de su lucha por los derechos de su gente. Las Fuerzas Armadas, por su parte, no han hecho comentarios, mientras el gobierno señala al presidente de la Conaie, Marlon Vargas, como responsable de estos enfrentamientos.

La historia de María Lucila es un grito desesperado que debemos escuchar. La justicia no es solo un deseo, es una necesidad para cada ser humano que busca vivir en paz y dignidad. ¿Qué haremos al respecto?

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