La Avispa y la Isla: Miradas Críticas sobre la Gestión de Adán Augusto López en Tabasco

La tranquilidad en Tabasco se ha convertido en un tema de conversación tanto en cafés como en redes sociales. El exgobernador morenista, Adán Augusto López, ha proclamado a los cuatro vientos que durante su gestión, la violencia disminuyó drásticamente. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre enero de 2019 y septiembre de 2021, los homicidios dolosos bajaron de 633 a 424 y la tasa de delitos totales también tuvo un descenso notable. Una historia efectiva para proyectarse como un líder, ¿verdad?

Pero no todo es lo que parece. Investigaciones periodísticas han sacado a la luz que esta supuesta “paz” se consiguió a través de pactos con el crimen organizado, donde el secretario de Seguridad, Hernán Bermúdez, actuó como mediador. Se habla de negociar con grupos criminales como “La Barredora” para que se controlara la violencia a cambio de cierta tolerancia. ¡Vaya forma de mantener el orden! Aparentemente, la calma era más un juego de ajedrez que una solución real a los problemas de seguridad.

Ahora, con el nuevo gobernador Javier May al mando, la historia cambia un poco. Asegura que en su gobierno “no hay pactos ni encubrimientos”. Pero, claro, el legado de López y Bermúdez sigue pesando, y la ruptura de acuerdos ha llevado a un aumento en la criminalidad. Los números son claros: homicidios, secuestros y robos han repuntado. Tal parece que la paz de Tabasco era más ficticia que una novela de ciencia ficción.

Y como si esto no fuera suficiente, también están las dudas que rodean el patrimonio de López. Se han destapado que omiti terribles 79 millones de pesos en ingresos relacionados con empresas cuestionadas. Este tipo de cosas hacen que su discurso de político de izquierda suene un poco hueco, ¿no crees? La contradicción entre su riqueza y sus aspiraciones de defender a los pobres deja mucho que desear.

Pactar con criminales para obtener una paz temporal puede sonar atractivo y práctico, pero, ¿a qué costo? El verdadero problema es que ese tipo de decisiones debilitan las instituciones y normalizan la complicidad con el crimen en lugar de fortalecer el Estado de derecho. La ética y el carácter de un líder se ponen en entredicho cuando el poder se mide por acciones cuestionables.

En conclusión, la historia de Adán Augusto López y los escándalos que lo rodean reflejan el alto costo de sacrificar la integridad institucional por resultados momentáneos. A medida que nuevos escándalos salen a la luz, el debate sobre su patrimonio y sus verdaderas intenciones continuará en el centro de la conversación nacional. La pregunta sigue en el aire: ¿puede un político que ha pactado con criminales ser realmente un defensor de la justicia y el bienestar de su pueblo? Solo el tiempo lo dirá.

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