La presidenta Claudia Sheinbaum ha heredado no solo el cargo, sino también una política exterior empobrecida y etnocentrista que caracteriza al régimen de AMLO. En este sentido, profundiza en un perfil provinciano de México que, francamente, no merece ser desconectado políticamente del mundo.
El discurso que pronunció su enviado, Juan Ramón de la Fuente, en la Asamblea General de la ONU el jueves pasado, deja claro que estamos ante otro sexenio perdido. Su enfoque parece estar más alineado con una diplomacia dogmática que con una búsqueda genuina de conexiones y alianzas internacionales.
Lo que presentó De la Fuente fue un discurso que, lejos de elevar a México, lo empequeñece. Se asemeja más a las palabras de un alcalde de Iztapalapa que a la representación de un país con aspiraciones globales. Es una lástima, porque el desperdicio de talento en el Servicio Exterior Mexicano es verdaderamente preocupante. Hay un riesgo real de caer en una diplomacia de baches, donde el país se enfrente a la radicalización del etnocentrismo.
Los problemas globales que acumulamos exigen de nosotros una diplomacia audaz; no podemos seguir contando con funcionarios que no pueden ver más allá de su propio entorno.
Cuando Juan Ramón de la Fuente menciona que “hay democracia, libertades, pluralidad y derecho a disentir” en México, surge la pregunta: ¿realmente tenemos democracia? ¿Después de las irregularidades en el poder judicial? ¿La legitimidad de la Suprema Corte se sostiene cuando ha sido manipulada? ¿Podemos hablar de democracia sin órganos autónomos y sin equilibrios reales de poder?
El hecho de que una persona indígena sea presidentede la Suprema Corte de Justicia es un orgullo, pero también plantea cuestionamientos sobre su legitimidad; fue elegido a dedo por AMLO y no por el voto popular, similar a lo que ocurre en Hong Kong bajo el régimen chino.
Además, ¿cómo es posible que el gobierno mexicano apoye a Cuba sin mencionar la violación sistemática de derechos humanos en la isla? De la Fuente está al tanto de que violan el artículo 89 de la Constitución, especialmente el punto que estipula las obligaciones internacionales de México en cuanto a los derechos humanos.
Y en el caso de Venezuela, el silencio del gobierno frente a los crímenes de lesa humanidad del dictador Maduro es ensordecedor. De la Fuente no tocó el tema del ecocidio que ocurre en el país, pero sí se atrevió a afirmar, sin ninguna prueba, que México es el país que planta más arbolitos en el mundo. Un ejercicio de falta de sinceridad que no contribuye nada.
La celebración del 80 cumpleaños de la ONU nos muestra la precaria salud del sistema de cooperación internacional. Este enfrenta dos desafíos significativos: primero, el reparto actual del poder en el mundo es muy diferente al que existía cuando se fundó la ONU, y segundo, cómo mantener este sistema funcional sin una hegemonía clara.
La realidad es que México necesita hacer una revisión seria de su política exterior. No se trata solo de hacer declaraciones grandilocuentes, sino de construir una diplomacia que aborde los problemas globales de frente y con audacia.
from Lo último https://ift.tt/yWDXAro
via IFTTT IA